3 abr. 2017

El disfraz

Y de nuevo me pongo el disfraz
 de buena chica.
Tengo reunión familiar
y no quiero desentonar,
en esta familia enferma
que miente,
crítica,
pero endulza con palabras
amargas.
No solo cambio mi forma de vestir
también mi forma de pensar.
Dos horas más tarde
el disfraz me asfixia,
me ahoga.
No puedo respirar.
Voy al baño
y fumo,
tanto, que casi quemo mi falsa apariencia,
evidenciando el fraude que me obligan a ser.
Vuelvo.
Mismo debate,
mismas caras arrugadas,
amputadas,
llenas de fango y serrín.
Salgo,
prometo volver pronto,
llamar más,
solo quiero ir a casa,
quitarme el apretado corsé,
que no solo ajusta mi figura,
sino que entumece mis pensamientos.
Lloro,
por la presión de aparentar,
de ser lo que los demás ojos quieren que sea.
No me aceptan
porque yo no me acepto.
Por eso cambio,
como un camaleón en peligro,
hinchándome como un pez globo apresurado,
mimetizándome como un insecto palo en el bosque.
Soy lo que quieren que sea,
y me olvido de vivir,
de sentir,
de amar,
incluso de respirar -si está mal visto.
Otra reunión,
otro traje.
Uno para cada ocasión,
uno para ocultar mil mentiras.
Desgarrando mi identidad,
anulando mi capacidad de decisión,
de ser libre.
Vuelvo  vestirme para otro momento
y esta vez olvido pintar mis ojos,
peinar mi cabello,
y las palabras se pegan,
como un chicle,
en mi cerebro.
Me escondo,
me cambio,
me transformo de nuevo.
¿Cuándo saldrá mi verdadero yo?
Tengo miedo.
Miedo a expresarme
y que no me acepten.
Miedo a mostrarme
y encontrarme sola.
Miedo a no ser aceptada.
respetada,
querida.
Me enseñaron a disfrazar mi espíritu,
a cubrir mi vida,

a ocultar mis vicios,
a esconder mis sueños.
Me enseñaron a no ser yo misma,
a tener miedo,
Miedo a todo
y a nada.
Y así vivo,
fingiendo.
Fingiendo una y otra vez.
Para mis amistades,
familia,
en el trabajo,
con extraños…
Fingiendo ser alguien
quién no soy,
perdiéndome en el camino,
olvidándome de mí.

 Ilustración de Pollynor

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