22 feb. 2011

Oda a la lengua

Lengua,
 te escondes bajo un reino de saliva,
te proteges, en tú escudo, de brillante esmalte.
Chocas contra mi paladar, golpeas mis encías, acaricias mis dientes,
y danzas, alocada, ansiosa por salir de tú cárcel establecida.

Cuando estornudo, te retuerces,
trago saliva y bailas como si estuvieras viva,
bebo algo caliente y escupes fuego ofendida,
hablo, y te contorsionas como un reptil de agua tibia .

Adoptas múltiples facetas a lo largo del día,
por la mañana, pequeña, te desperezas hermosa,
al medio día eres astuta y divertida, y le sacas los colores a las niñas,
al atardecer, te comportas amorosa y burlona,
y por la noche, que es cuando más me gustas,
te vuelves salvaje, impura y juguetona,
enredándote en las faldas de las jóvenes muchachas de la ciudad.

Algunos te llaman fea,
por que te asemejas a un alga erguida,
otros te gritan estúpida,
por que no saben apreciar tus suaves melodías.

Pero yo siempre sabré,
¡Oh lengua!
 que tú eres mi magnifica aliada.


En tú honor Gdg Dfgd. Te amo.

20 feb. 2011

Selene

Astro nocturno,
belleza flotante,
esfera interminable,
farola de estrellas,
mares lunares,
risas fulgurantes,
abdomen cristalino,
tormenta de lágrimas,
divinidad astral,
manto oscuro,
destellos de gracia,
rocas de queso o nata,
luces metálicas,
cobalto de alma,
fantasma sin sábanas,
besos de hada,
aliento de nieve,
perla nacarada,
y siempre, vergonzosa,
escondida entre nubes de seda
y algodón de lana.

3 feb. 2011

Sopa de rabo de toro

Se sienta, anodino, mirando libros de poesía,
escucha música clásica y ríe, con complejos trabalenguas paradójicos.
Le encanta bailar salsas, merengues, batucadas, mambos, tangos y, sobretodo,
el insoportable cha-cha-cha.

¡Maldito torero afeminado!;
Yo lo que quiero es un buen rabo,
rabo de toro, para los malpensados.

Primero tendré que cocerlo en un suave y espeso caldo,
con agitados muslos y pechugas desorbitadas,
cortar jugosas zanahorias, pelar puerros y nabos y,
trocear espárragos verdes, erguidos de sabor.
Calentarlo todo, primero a fuego lento,
y subir la temperatura, poco a poco, para que, finalmente,
añadimos el resto de los ingredientes,
y lo condimentamos al gusto,
obteniendo así un glorioso e intenso caldo de rabo,
de toro, ¡que hay que decíroslo todo!

¿Has entendido mi torero?